La idealización de lo rural 7


ruralidadA menudo desde movimientos sociales y pensadores urbanos se promueve e idealiza la vuelta al mundo rural muy a mi pesar, pues la idealización romántica de la ruralidad casi nunca concuerda con las expectativas creadas sobre papel, se agolpan las ideas del campo visto como algo maravilloso, lleno de paz y armonía, donde se cura cuerpo y alma, pero algo les estalla en los ojos y las manos a las personas urbanas cuando permanecen unos días en contacto con la tierra.

Las nacidas en el ámbito urbano poseen una idiosincrasia y necesidades ajenas a lo rural, fruto de los estímulos hedonistas y placenteros que denostan al esfuerzo y la perseverancia. El primer factor que demuestra lo aquí dicho es el hormigonamiento masivo de los núcleos de segunda residencia y/o las zonas que han recibido avalanchas de migraciones urbanas. Esto es al menos lo que estalla en mis ojos.

Cuando personas de la ciudad nos visitan y nos dicen frases típicas como “lo mejor es vivir en el campo yo siempre lo deseo…”, “qué suerte tenéis de poder vivir en el campo…” y tantas cosas románticas del estilo siempre les digo que no, que se queden en la ciudad que si realmente quieren disfrutar del campo primero deben dignificar la ciudad. La revolución social comienza por la evolución personal, de la misma forma el movimiento pro Rural debe comenzar por Ruralizar la urbe, volverla menos contaminante, más sociable… en definitiva: menos indigna de ser habitada, la Permacultura nos da muchas pistas de cómo diseñar y ejecutar esto.

Hecha esta labor, cuando sientan que están despojados de falsas creencias, necesidades y apegos entonces que busquen un lugar más aislado, más rural dónde establecer su espacio familiar, tribal o personal para crecer en el ámbito físico, psíquico y espiritual.

Si estos pasos no se dan, no solo conseguiremos hormigonar el campo, además traeremos todas la contaminación física y psíquica de las urbes a lo rural, las personas traen sus problemas, complejos, carencias, prejuicios y enjuiciamintos a los espacios rurales creyendo que como si en un plis-plas todo sanara física y emocionalmente, los procesos de sanación son arduos y requieren de una determinación y constancia por quien desea sanar.

Poquito a poco podemos dar pasos y caminar juntas, pero si se promueve una migración hacia la ruralidad seguramente trastabillaremos, tropezaremos y nos hiramos mutuamente sin necesidad de ello…

Me he criado en el ámbito rural y me costaría muchísimo tener que adaptarme al urbano (ni lo intentaré), de la misma manera entiendo que debe pasar al contrario, solo que en nuestras relaciones sociales lo bien visto es lo rural así que parecemos partir con ventaja.

En la cultura oriental narran la historia que mas o menos recuerdo de la siguiente manera:

Un hombre llegado a su madurez y no siendo apto para continuar con sus labores dejó a su mujer e hijos, abandonó a sus amigos y se alejó de su lugar de origen para deambular por cordilleras, cerros y montañas, valles y ríos en busca de una gran sabio que lo instruyera en el camino espiritual, cuando consiguió estar en su presencia le dijo:

– Maestro, he abandonado todo cuanto tenia: familia, amistades, prosperidad… para iniciarme en lo sagrado, ¡muéstrame el camino!

A lo que el Maestro le respondió:

– ¡Que estúpido! ¿Has abandonado todo eso para iniciarte en lo sagrado?, El mayor templo sagrado es tu cuerpo y el centro, tu corazón, allí donde estés podrás caminar en lo sagrado sin renunciar a nada.

Pues lo dicho, allá donde nos encontremos tenemos posibilidad de crecer personalmente y mejorar el entorno que nos rodea, así que animo a los urbanitas amantes de lo rural que evolucionen sus entornos más próximos: la urbe.

Y ¡ya nos veremos en el campo!

 

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